Nací en Barcelona y crecí en una familia de clase media. Mi padre perdió a su madre, pianista de profesión y que tocaba, además de dar clases, en los “cines mudos”. Mi abuela murió de la entonces frecuente y temida tuberculosis a la edad de 35 años. Mi padre tenía entonces ocho años, siendo el único varón y el mayor de cuatro hermanos. Esto dejó viudo a mi abuelo Julio, poeta y escritor, que se encontró de repente con cuatro hijos que sacar adelante.
Mi padre y sus tres hermanas, pronto ingresaron en un orfanato donde permanecieron muchos años hasta que mi abuelo se volvió a casar, pero desgraciadamente para los niños, la nueva esposa resultó ser una llamada «madrastra», con todo lo que el término implica. Sin embargo, los cuatro niños abandonaron el hogar paterno siendo muy jóvenes y sacaron sus vidas adelante, aunque sufriendo secuelas por este drama vivido en su infancia y adolescencia.
Mi padre fue el mejor parado en esta historia, gracias a que tuvo un matrimonio feliz, en el que yo tuve la suerte de crecer.
Junto con mi única hermana, estudié en un colegio de monjas y más tarde inicié mis estudios de Medicina en el Hospital Clínico de Barcelona, pero estos estudios se vieron interrumpidos por mi inesperada maternidad y posterior matrimonio, que impidieron que continuara.
No obstante y, gracias a poder trabajar como auxiliar administrativa en la Seguridad Social con jornada intensiva, pude cuidar de mi hogar y estudiar por las tardes. Entonces, pude llevar a cabo con facilidad la Diplomatura de Trabajo Social y más tarde la Licenciatura de Psicopedagogía y Psicología Clínica en la Universidad Ramón Llull.
Ahora, recientemente jubilada, la escritura se ha convertido en mi mejor afición y estoy dedicada a ella en cuerpo y alma para honrar a mis antepasados, concretamente a mis abuelos paternos Julio y Josefina. He de confesar que me dedico también —discretamente— a la música, tocando el piano y cantando en un pequeño combo.
Esta está siendo mi vida y doy infinitas gracias al Universo por ella.
Quiero tomar como ejemplo la poesía de Rabindranath Tagore:
«Soñaba que la vida era alegría
Desperté y vi que la vida era servicio.
Serví y vi que el servicio era la alegría».